Mi querido Krishna, Tu Señoría nos ha protegido de un pastel envenenado, de un gran fuego, de los caníbales, de la asamblea viciosa, de sufrimientos habidos durante nuestro exilio en el bosque y de la batalla en la que lucharon grandes generales. Y ahora nos ha salvado del arma de Asvatama.

Aquí se presenta la lista de encuentros peligrosos. Devaki fue puesta una sola vez en dificultades por su envidioso hermano, aparte de lo cual ella estuvo bien. Pero Kunti devi y sus hijos fueron puestos en dificultades una y otra vez. Durante muchos años, ellos fueron hostigados por Duryodhana y su bando a causa del reino, pero todas las veces el Señor salvó a los hijos de Kunti; pues tal como en El Bhagavad Gita, el Señor Krishna le dice a Arjuna: “Declara al mundo que Mi devoto nunca es vencido por el mal”. Y aquí Srimati Kunti Le ora a Krishna recordando cómo salvó a los Pandavas de todos los peligros por los que tuvieron que pasar antes que recobraran su reino. Esto es smaranam, pensar en Krishna. “Krishna, Tú eres tan bondadoso con nosotros que nos salvaste de muchos y grandes peligros. Sin Ti no habría ninguna esperanza".

Muchas y grandes desgracias ocurrieron a los Pandavas durante muchos años, pero en todas las circunstancias ellos simplemente dependieron de Krishna, Quien siempre los salvó. Así el devoto de Krishna se entrega a Krishna sin reservas, y, por ello, recibe el nombre de akiñcana. La palabra kiñcana se refiere a algo que uno reserva para sí, pero akiñcana significa que uno no guarda nada para sí. La respuesta de la reina Kunti a esas desgracias que sufrieron los Pandavas se da en el verso siguiente.