El Rey Bharata se convierte en ciervo
Una larga vida
Maharaja Bharata era un rey de este mundo muy culto y de amplia experiencia. A pesar de que antiguamente los gobiernos eran monárquicos todos los reyes eran muy afectuosos con los ciudadanos por lo que reinaba la tranquilidad en la sociedad.
Con gran fe el rey Bharata realizó sacrificios de diversa índole y de esta manera su corazón se libró de toda contaminación. Su servicio devocional al Supremo Señor Krishna aumentaba día a día.
El destino estableció que Maharaja Bharata disfrutaría de la opulencia material por un lapso de diez mil años multiplicados por mil. Al concluir ese período se retiró de la vida familiar y dividió entre sus hijos la riqueza que sus antepasados le habían legado. Luego abandonó su hogar paterno la fuente de toda opulencia y emprendió el camino hacia Pulaha ashrama situado en Hardwar (lugar de peregrinación en las márgenes del río Ganges al pie del Himalaya).
Maharaja Bharata vivía solo en los jardines de Pulaha ashrama donde recogía diversas flores, ramitas y hojas de tulasi; también recogía agua del río Gandaki, así como raíces frutas y tubérculos. Éstas eran sus ofrendas a la Suprema Personalidad de Dios y adorándolo así permanecía satisfecho; de esta manera su corazón se mantenía puro y no abrigaba el menor deseo por los deleites materiales.
Todos sus deseos materiales se esfumaron y estando así firmemente situado, se sentia plenamente satisfecho y establecido al servicio devocional.
Un gran místico
Maharaja Bharata quien era un devoto muy elevado se dedicó así continuamente a servir con devoción al Señor. Naturalmente su amor por Krishna aumentó más y más hasta derretir su corazón. En consecuencia él perdió gradualmente todo apego por los deberes regulativos. Los vellos de su cuerpo se erizaban y manifestaba todos los síntomas físicos del éxtasis; tantas lágrimas fluían de sus ojos que no podian ver nada. Así él meditaba constantemente en los rojizos pies de loto del Señor. A semejanza de un lago, su corazón en esos momentos se llenaba con el agua del amor extático. Y cuando su mente se sumergía en dicho lago se olvidaba incluso del servicio regulativo al Señor.
Maharaja Bharata lucía muy bello: tenía una cabellera rizada y abundante, la cual siempre estaba húmeda pues se bañaba tres veces al día y se vestía con una piel de venado. Adoraba al Señor entonando los himnos del Rg Veda como el que dice: "La Suprema Personalidad de Dios está situada en el plano de la bondad pura. Él iluminaba a todo el universo y concede todas las bendiciones a Sus devotos.
El Señor ha creado el universo a partir de Su propia potencia espiritual. De acuerdo con Sus deseos el Señor se hizo presente en este universo como la Superalma y en virtud de sus diversas potencias Él mantiene a todas las entidades vivientes que anhelan los goces materiales. Ofrezco mis respetuosas reverencias al Señor quien concede la inteligencia".
Meditación interrumpida
Un día Maharaja Bharata se sentó por unos minutos a la orilla del río Gandaki y comenzó a entonar su mantra. Estando así se acercó al río a beber una venada muy sedienta. Mientras bebía con gran satisfacción, un león que se encontraba en las proximidades rugió estruendosamente. Todas las entidades vivientes se aterrorizaron y la venada también lo escuchó. Por naturaleza la venada siempre está temerosa de ser muerta y siempre se encuentra a la defensiva así que cuando escuchó el tumultuoso rugido del león se atemorizó mucho. Mirando desesperadamente en todas direcciones y aún sin haber terminado de beber repentinamente cruzó el río.
La venada estaba preñana y al saltar impulsada por el temor parió un cervatillo que cayó a las fluentes aguas del río. Después de cruzar el río, la venada negra se sintió muy triste pues se encontraba separada de su rebaño y había perdido a su crío. Más tarde, cayó en una cueva y murió instantáneamente.
Mientras el gran rey Bharata se hallaba junto al río vió al cervatillo huérfano flotando aguas abajo y sintió una inmensa compasión por él. Cual un amigo sincero rescató al animalillo de la corriente y a sabiendas de su orfandad lo llevo a su asrama.
Surge el afecto
Con el tiempo, Maharaja Bharata se encariñó mucho con el cervatillo. Se dedicó a criarlo y alimentarlo con pasto. Se preocupaba siempre por protegerlo contra los ataques de los tigres y otros animales. Cuando el cervatillo estaba impaciente, él lo acariciaba y así siempre le brindaba a veces, hasta lo besaba de cariño. Debido a que Bharata Maharaja se apegó a la crianza del cervatillo, descuido las reglas y regulaciones conducentes al progreso de la vida espiritual y paulatinamente se fue olvidando de adorar a la Suprema Personalidad de Dios.
Al cabo de unos días olvidó por completo su progreso espiritual. Cuando una persona ha desarrollado conciencia espiritual o conciencia de Krishna, por naturaleza se torna compasiva hacia todas las entidades vivientes que sufren en el mundo material.
Tales personas avanzadas obviamente meditan en el sufrimiento de toda la humanidad. Sin embargo si uno desconoce el sufrimiento material de las almas caídas y se compadece solamente de su carencia de comodidades corporales como le sucedió a Maharaja Bharata tal compasión es la causa de su propia caída. Aquel que es realmente compasivo hacia la humanidad caída y sufriente, deberá tratar de elevar a la gente del plano de conciencia material al estado espiritual. En cuanto al ciervo, Maharaja Bharata se volvió muy compasivo pero olvidó que le era imposible elevar al cervatillo al plano de conciencia espiritual pues en última instancia no era sino un animal. Resultó muy peligroso que Maharaja Bharata sacrificara todos los principios regulativos sólo por cuidar a un animal.
Un apego desmedido
Debido al afecto que Maharaja Bharata sentía por el ciervo terminó durmiendo, caminando, bañándose y hasta comiendo con él. De esta forma su corazón quedó prendado de afecto hacia el cervatillo. Cuando Maharaja Bharata deseaba internarse en el bosque para recoger hierba kusa, flores, leños, hojas, frutas, raices y agua temía que los perros, los chacales, los tigres y demás animales feroces pudieran matar al ciervo por lo que siempre se lo llevaba consigo.
Cuando iban al bosque, a Maharaja Bharata le atraía mucho el comportamiento infantil del animal e incluso lo cargaba sobre sus hombros debido al afecto que sentía por el. Su corazón estaba tan lleno de amor por el ciervo que a veces lo ponia en su regazo o lo hacía dormir encima de él y sentia así un gran placer acariciándolo.
"¿Dónde está mi ciervo?"
Si Maharaja Bharata se encontraba adorando al Señor o entregado a alguna ceremonia ritual, aunque no hubiese terminado, ocasionalmente se solía parar para ver al ciervo. Lo buscaba para cerciorarse de que estuviese cómodo y si así era, su mente y corazón quedaban satisfechos y bendecía al animalillo con estas palabras: "Mi querido cervatillo que seas muy feliz en todo".
Si Maharaja Bharata perdía de vista al ciervo se perturbaba mucho, como el avaro que se siente muy infeliz al perder la riqueza alcanzada. Si el ciervo se alejaba, se llenaba de angustia y lamentaba la separación, confundido decia lo siguiente: "¡Ay!, el venado se encuentra indefenso, ¡qué infortunio! Aunque yo mismo he sido un infiel, ¿regresará el venado y tendrá fe en mí? ¡Ay!, ¿podré volver a ver a este animal que está bajo la protección del Señor y que no teme a los tigres y otros animales? ¿Lo veré nuevamente vagando por el jardín comiendo hierba fresca?". En un sentido materialista, tal vez sean loables estos pensamientos; pero desde el punto de vista espiritual, el rey estaba en realidad cayendo de su prominente posición espiritual al apegarse a un aminal.
En una ocasión similar en la que el ciervo no apareció, el rey pensó: "No sé qué haya ocurrido, pero tal vez el venado cayó presa de un lobo, o un perro, o de una manada de jabalíes, o del tigre solitario. ¿Cuándo regresará? ¿Cuándo lo veré de nuevo haciendo sus actividades que me agradan tanto? ¿Cuándo volverá a apaciguar mi corazón herido? ¡Ay de mí!, cuando el venadillo jugaba conmigo y me veía fingir estar meditando con los ojos cerrados, solía correr alrededor de mí impulsado por la ira que nace del amor y temerosamente me tocaba con las puntas de sus suaves cuernos que se sienten cual si gotas de agua".
Lamentación innecesaria
Hablando así como un loco, Maharaja Bharata se levantó y salió. Al ver las huellas del cervatillo en el suelo, las elogió así lleno de afecto: "Las pequeñas, bellas, muy auspiciosas y suaves huellas del venado están marcadas sobre la superficie de este afortunado planeta. Esta serie de huellas me indican a mí que estoy sufriendo la pérdida de mi ciervo el camino que él recorrió a través del bosque y me llevan a la recuperación de mi riqueza perdida".
Al observar las manchas oscuras de la Luna creciente, las que le recordaban al venado Maharaja Bharata dijo: "¿Acaso puede la Luna, que es tan generosa con los infelices, también ser generosa con mi ciervo a sabiendas de que es huérfano y se ha extraviado de su hogar? La Luna le ha brindado un refugio junto a ella para protegerlo de los ataques temibles del león".
Viendo la luz de la Luna continuó hablando como un loco: "El ciervo me era tan sumiso y querido que ahora que se encuentra lejos de mí siento su separación como la de mi propio hijo. A causa de la ardiente fiebre por la separación sufro como sé estuviera envuelto en las llamas de un incendio forestal. Mi corazón que es igual al lirio del campo se consume en llamas. Al verme tan acongojado, la Luna seguramente vierte su néctar luminoso sobre mí, al igual que un amigo arroja agua sobre otro amigo para calmarlo de la alta fiebre que lo agobia".
Llega la muerte
Mientras Maharaja Bharata buscaba al venado y lamentaba su ausencia sufrió una caída y murió. Al morir, el rey vio que el ciervo estaba junto a él como un hijo lamentando su muerte. En realidad la mente del rey estaba absorta en el cuerpo del venado y como consecuencia —como les sucede a aquellos que están privados de conciencia de Krishna—, abandonó este mundo, al venado y a su cuerpo material y adquirió el cuerpo de un ciervo.
Cuando una persona abandona su propio cuerpo recibe otro que es acorde a su estado mental en el momento de fallecer. Al morir una persona siempre piensa en aquello que lo ha embelesado en la vida. Y según los principios de esta ley, ya que Bharata Maharaja siempre pensaba en el venado y se olvidó de adorar al Señor Supremo adquirió el cuerpo de un venado. Sin embargo, por haberse elevado a la plataforma más alta del servicio devocional no olvidó los incidentes de su vida anterior.
Un cuerpo de animal
En un cuerpo de venado Bharata Maharaja comenzó a lamentar su suerte: "¡Qué deógracia! He caído del sendero de las personas autorrealizadas. Abandoné a mis verdaderos hijos, mi esposa y mi hogar para progresar en la vida espiritual y encontré refugio en un lugar solitario y sagrado del bosque. Alcanzé el autocontrol y la autorrealización y me dediqué constantemente al servicio devocional, escuchando, pensando, cantando, adorando y recordando a la Suprema Personalidad de Dios.
Triunfé en mi propósito tanto que mi mente siempre esta absorta en el servicio devocional. No obstante, a causa de mi propia necedad, mi mente se apegó una vez más —en esta ocación a un venado, y ahora obtuve el cuerpo de un venado y estoy muy apartado de mis prácticas devocionales".
Aunque Bharata Maharaja recibió el cuerpo de un venado a través del arrepentimiento constante se desvinculó totalmente de todas las cosas materiales. Él no reveló nada a nadie y dejando a su madre venada en un lugar conocido como la Montaña de Kalañjara donde él había nacido una vez más, se internó en el bosque de Salagrama y fue al asrama de Pulastya y Pulaha.
Durante su permanencia en ese asrama, el gran rey Bharata Maharaja tuvo mucho cuidado de no volver a caer víctima de las malas compañías. Sin revelar a nadie su pasado permaneció en ese asrama y su alimento sólo consistía en hojas secas. No estaba exactamente solo porque tenía la compañía de la Superalma. De esta manera, aguardó la muerte en su cuerpo de venado, bañandose en aquel lugar sagrado. Finalmente abandonó ese cuerpo de animal.